Test drive

Ford Mustang Shelby GT500 Convertible

El pony car tomó anabólicos para explotar en la pista con sus 650 indómitos caballos

Ford Mustang Shelby GT500 Convertible

Todos los años, en Autocosmos decidimos cerrar la temporada reuniendo un grupo de excepcionales deportivos y superdeportivos en un circuito. Gracias a esta producción exclusiva te podemos ofrecer el mejor cierre del 2012 con una prueba por día hasta fin de año de estos bólidos entre los que se encuentran los Chevrolet Camaro ZL1 de 580 CV, Mercedes-Benz SL 63 AMG, BMW M6 Cabrio, nuevo Porsche Boxter S, Audis S6 y RS5, Ford Focus ST, SEAT León Copa, Mercedes-Benz A250, Volvo S60 R, e inclusive un nuevo Bentley Continetal GT V8.

Sin dudas la bestia del grupo, el Shelby le gana a todos los modelos presentes por ser el que tiene la mayor potencia, el chasis más crudo, y el mejor sonido de escape, rubro donde salió vencedor luego de compararlo en vivo y en directo con los gruesos V8s de los Chevrolet Camaro ZL1, Mercedes-Benz SL AMG, BMW M6 cabrio y Bentley GT.

De todo el grupo, el Mustang es el más divertido de manejar, con demasiada potencia para el eje trasero rígido, haciendo que la cola apunte hacia afuera en cada aceleración. Obviamente esto no sería posible si no fuera por un control de tracción permisivo; pero tampoco estaría escribiendo felizmente esto, si el mismo asistente electrónico no hubiera evitado que la cola pasara a la trompa cada vez que el pie derecho daba rienda suelta a los 650 caballos del 5.8L sobrealimentado.

El Shelby no solo acelera con total violencia, también frena bien y encara hasta las curvas más cerradas con el tren delantero soldado al asfalto. La potencia es tal que se puede girar todo el trazado en 3° sin perder tiempo, una bendición ya que el embrague de competición es tremendamente duro y empalma muy arriba. La palanca es precisa, pero también necesita un brazo firme que la empuñe.

En plena recta el silbido del compresor se suma al tronar del V8 sonando como si Tom Jones cantara con el coro de niños de Viena.

En la larga curva-recta del trazado, que se circula a plena potencia, fue uno de los pocos autos que no me animé a seguir acelerando hasta último momento, ya que la brutalidad del Shelby no me hacía sentir completamente seguro antes de la difícil frenada que desemboca en la curva de entrada a la recta principal.

En resumen, en esta era de superdeportivos con precisión quirúrgica y adelantados sistemas de tracción y chasis, el Shelby recupera la brutalidad propia de los muscle cars norteamericanos, y esa crudeza es justamente lo que lo transforma en uno de los autos más divertidos de este grupo. Además, su aceleración es tan brutal que inclusive se sintió más veloz que el BMW M6 al llegar al final de la recta principal.

Gracias a esta súper producción propia que reunimos en el Especial de lo Mejor de 2012, podemos asumir el Compromiso Autocosmos: te vamos a entregar la prueba en pista de un deportivo excepcional por día hasta fin de año.

Mañana te espera el nuevo Chevrolet Camaro ZL1 de 580 CV, ¿te lo vas a perder?

Superprueba: Shelby GT500 Convertible

Hernando Calaza / Fotos: José Luis Ruiz recomienda

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