Hubo una época en la que la Argentina no pedía permiso para soñar en grande. Una época en la que una fábrica local se animó a pensar un auto propio, a ponerlo en manos de pilotos que lo transformaron en leyenda del Turismo Carretera, a llevarlo a Nürburgring -el circuito más exigente del mundo- y a venderlo como algo más que un medio de transporte. Ese auto fue el Torino.
No fue solamente un éxito de mercado. Fue una idea. Una declaración industrial. Un gesto de orgullo colectivo. El Torino representó un momento en el que el país todavía creía que podía jugar en primera, incluso en la industria automotriz. Después vino todo lo que ya sabemos: crisis, cambios de manos, decisiones cortoplacistas, un país que dejó de pensar en décadas y empezó a pensar en meses. El Torino no murió por viejo ni por malo. Murió porque el contexto se volvió imposible.

Ahora bien, hagamos el ejercicio completo, sin nostalgia boba ni épica forzada. ¿Qué habría pasado si el Torino no se hubiera ido? ¿Qué habría ocurrido si, como otros grandes íconos del mundo, hubiera logrado atravesar las décadas adaptándose sin resignar identidad?
En esa línea temporal alternativa, Renault entiende algo clave que hoy domina la industria global: no todos los productos existen para vender volumen. Algunos están ahí para construir identidad. Y el Torino siempre fue eso.
El Torino atraviesa los años ‘80 con los ajustes inevitables, se adapta en los ‘90, sobrevive a los 2000 cambiando plataformas, mecánicas y tecnologías. Aprende a convivir con normas de emisiones, con arquitecturas modulares y con una industria cada vez más globalizada. Y cuando el mercado gira definitivamente hacia los SUV, el Torino no se resiste. Hace lo mismo que hicieron todos los grandes nombres del planeta: cambia de silueta, pero no de esencia.
TORINO SUV: RECONOCERLO SIN QUE NADIE LO EXPLIQUE

Así nace el Torino SUV. Un modelo que no necesita demasiadas explicaciones para ser identificado. Está en las proporciones, en la presencia, en una musculatura que remite más a carácter que a moda. No grita. Impone. Como el original.
Desde el punto de vista industrial, este Torino SUV se posiciona por encima de un Koleos, como buque insignia regional de la marca, pensado con proyección real para América Latina. No como un producto de nicho, sino como un modelo de imagen capaz de justificar su escala productiva y su continuidad en el tiempo.
El diseño no busca simpatía ni neutralidad. Busca identidad. Busca transmitir que este no es un SUV más, sino la evolución lógica de un nombre con peso propio dentro de la historia automotriz argentina.
TECNOLOGÍA ACTUAL, SIN PROMESAS IRREALES

Técnicamente, este Torino SUV responde a la lógica del presente. La plataforma nace preparada para electrificación desde el inicio, algo imprescindible en el contexto global actual. La gama incluye versiones híbridas E-Tech con tracción integral, superando con holgura los 300 caballos, y una variante 100% eléctrica capaz de ofrecer alrededor de 500 kilómetros de autonomía real.
No hay cifras infladas ni anuncios marketineros vacíos. Hay ingeniería aplicada con criterio, pensada para convivir con el uso diario, pero también para sostener un posicionamiento aspiracional.
TORINO ALPINE: MÁS QUE ESTÉTICA RACING

El Torino SUV también tiene una versión Alpine, como ocurre en la actualidad con algunos modelos que comercializa Renault en la Argentina. Esta variante funciona como lenguaje estético Racing, aunque incluye una puesta a punto diferenciada: chasis más firme, reglajes específicos, una imagen más agresiva y una mecánica que supera los 400 CV, no para romper récords, sino para dejar claro de dónde viene.
Para promocional el modelo, Renault replica la estrategia de IKA: lo lleva a la pista. Sin lugar en el Turismo Carretera, que eligió renovar su parque utilizando modelos con estética de muscler car y GT, el Torino encuentra un nuevo hogar en el TC2000.
Con los SUV ya consolidados como eje técnico y conceptual de la categoría, imaginar un Torino Alpine compitiendo deja de ser un delirio creativo. Es coherencia histórica aplicada al presente.

El relato termina de anclarse cuando entra en escena el presente puro. Franco Colapinto, piloto de Alpine en la Fórmula 1 y embajador de la marca en la Argentina, es quien pone cuerpo y contexto a esta historia alternativa.
En esta línea temporal alternativa, Colapinto no promociona un SUV más. Promociona el auto que siempre escuchó nombrar. El que entiende sin que nadie se lo explique.
UNA HISTORIA ALTERNATIVA POSIBLE PARA EL ÍCONO ARGENTINO

A veces, imaginar bien no es fantasear. Es entender que algunas ideas no mueren porque sean inviables, sino porque nadie se anima a defenderlas cuando el contexto se vuelve adverso.
El Torino no desapareció por falta de identidad ni por falta de sentido. Desapareció cuando dejó de haber un proyecto que lo sostuviera. En esta historia alternativa, convertido en SUV y adaptado a su tiempo, el Torino no busca revancha. Plantea una pregunta.
¿Qué otras ideas dejamos atrás creyendo que no tenían futuro, cuando en realidad lo que faltó fue decisión? Porque el Torino, incluso hoy, sigue diciendo algo más profundo que una victoria en la pista: acá estoy… y todavía tengo algo para decir.
Fuente: Automundo