Entre los hallazgos más insólitos de Facebook Marketplace, acaba de aparecer una auténtica pieza de museo: un Ford Probe IV Concept de 1983, uno de los dos ejemplares que se dice que fueron construidos. El otro chasis descansa en el Petersen Automotive Museum, mientras que la unidad que te traemos hoy fue redescubierta recientemente y puesta a la venta sin precio fijo, según reportes retomados por Ford Authority.
La historia del nombre Probe se remonta a 1979, cuando Ford, junto con el carrocero Ghia, presentaron un prototipo con forma de cuña basado en la plataforma Fox. La intención era tan simple como ambiciosa: aplicar proporciones de superdeportivo a un vehículo de enfoque económico, reduciendo la resistencia aerodinámica y, con ello, el consumo de combustible. A ese primer experimento le siguieron los Probe II y III, este último influyendo de forma directa en el diseño del Ford Sierra.

Por otro lado, el Probe IV llevó la obsesión al extremo. Ghia logró un coeficiente aerodinámico de 0.15, una cifra que incluso hoy resulta sorprendente, y el auto la presume con una calcomanía en la parte trasera. Lógicamente, el truco era que, al tratarse de un concept car, no tenía que cumplir normas de seguridad ni viabilidad industrial, por lo que no cuenta con motor ni sistema de dirección, lo que lo convierte más en una escultura rodante que en un automóvil funcional.
Si bien no es un vehículo funcional, su diseño sigue siendo hipnótico, especialmente por los faros triangulares, el capot largo y descendente, las ventanillas que pasan por debajo de la línea de cintura, y las luces traseras ocultas detrás de barras horizontales, además de los arcos de rueda casi completamente tapados.

Construido sobre una estructura de madera con subchasis de acero, esta unidad hoy presenta faltantes y daños visibles, pero su valor histórico es incuestionable. El Probe IV pertenece a una era en la que Ford se atrevía a imaginar futuros radicales, y preservarlo es también conservar esa memoria.